LA PELVIS: el poder del centro

Patricia Bustos Roa

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La pelvis tiene una importancia fundamental en la organización postural, pues forma la base del tronco y constituye el sostén del abdomen; realiza además la unión entre los miembros inferiores y la columna. Está compuesta por tres piezas óseas y tres articulaciones, dos huesos coxales (formados por la unión de dos pares de huesos: ilíacos, isquiáticos y un hueso púbico) y un hueso sacro, el que es impar y asimétrico (formado por la soldadura de cinco vértebras sacras).

Las articulaciones son dos: sacro ilíacas y la sínfisis pubiana. La pelvis femenina es mucho más ancha y extensa que la pelvis masculina. Esta diferencia está relacionada con su función en la gestación y, especialmente, en el parto.

 La pelvis tiene la forma de una silla de montar, como los andadores de niños; también se la puede asociar con la forma de un cuenco que sostiene a las visceras. El gran médico ortopedista francés Adalbert Ibrahim Kapandji, describe a la pelvis diciendo que “la cintura pelviana tiene la forma de un embudo de base mayor superior que comunica la cavidad abdominal y la pelvis”. Kapandji ha sido considerado como “un artista de la biomecánica”.

La pelvis transmite los esfuerzos entre la columna vertebral y los miembros inferiores. El peso de la parte superior es soportado por la quinta vértebra lumbar y repartido hacia las alas del sacro; ese peso es después transmitido, a través de las espinas ilíacas, hacia las articulaciones de cadera. En esta zona a su vez reside la resistencia que el suelo ofrece al peso del cuerpo, transmitido desde miembros inferiores hacia la articulación de cadera y sínfisis púbica.

Para que la pelvis ejerza sus funciones debe mantener su libertad de movimiento, la que está dada por dos factores. Primer factor: posición del sacro. El sacro se une a la pelvis a través de poderosos ligamentos y elementos miofasciales ; la posición del sacro es interdependiente de la columna, ya que constituye su base.

Segundo factor que incide en la libertad de movimiento de la pelvis: la libertad de las articulaciones de caderas. Esta depende de la posición de la cabeza del fémur en el acetábulo, que es el lugar de encuentro de la pelvis con las piernas.

El peso de la parte superior del cuerpo tiende a forzar hacia adelante la parte superior del sacro –su base-, recordemos que la mayor mayor parte de las actividades que realizamos implican llevar la cabeza y el tronco hacia adelante, entonces puede suceder que su ápice –parte inferior- y la parte superior del coxis lo compensen rotando hacia atrás; la pelvis entonces estará en anteversión( se asocia a hiperlordosis)

La  pelvis y la columna vertebral forman una estructura central básica y las tensiones que se presentan en cualquiera de sus extremos se acentúan en donde existe mayor debilidad estructural, por lo general en la parte baja de la columna vertebral, entre la cuarta y quinta lumbar. Malos hábitos al sentarse, al agacharse, o cualquier estrés en esta zona, incide en el conocido lumbago, de aquí la importancia de conocer y vivenciar el uso que hacemos de nosotros mismos para prevenir malestares y dolencias

“ No es posible una postura o actura correcta sin que la pelvis pueda mover con libertad todas sus articulaciones, esto es, de la cadera y de la parte estrecha de la espalda. En cuanto se restringe uno de los posibles movimientos de la pelvis, se pierde la fluidez de la acción” (M. Fedenkrais)

Al estar de pie , la pelvis debe estar en posición horizontal: las espinas ilíacas anterosuperiores (los dos puntos más altos y prominentes de la pelvis) deben estar en una línea horizontal. Si las espinas ilíacas anterosuperiores están niveladas, también lo estarán los isquiones; habrá igual peso en los isquiones y entonces estos se apoyarán igual.

La localización del centro de gravedad del cuerpo varía con el tipo y porte corporales, pero en líneas generales se sitúa aproximadamente a nivel de la articulación lumbosacra, por lo cual un buen equilibrio a este nivel determina una buena coordinación de movilidad y equilibrio general.

La zona de la pelvis está equilibrada por la sinergia de músculos y ligamentos (componentes miofasciales) que unen los coxales al sacro y la pelvis a las extremidades inferiores. Es un punto de inserción de fuertes músculos: abductores, aductores del muslo, extensores (semitendinoso, semimembranoso, bíceps crural), los glúteos (mayor, medio y menor) y los rotadores que están bajo el glúteo mayor. Todos estos elementos miofasciales determinan la posición pelviana y, al hacerlo, crean o limitan la libertad de la pelvis.

La pelvis puede estar en anteversión, retroversión, rotada o inclinada; entonces la posición y los hábitos posturales van a determinar un cambio en las curvaturas tanto de la columna como de las extremidades inferiores cambiando la cualidad flexible de la musculatura.

Tanto en posición sentada como de pie, el acortamiento de la musculatura isquiotibial desequilibra las rodillas, las comprime y las rota, se desprende de esto la importancia de la pelvis en el buen funcionamiento de las rodillas

En una pelvis en anteversión (espinas iliacas anterosuperiores caídas), el contenido abdominal está desplazado hacia adelante y hacia abajo, entonces dentro de la cavidad todo el contenido no puede menos que aflojarse ya que las estructura miofasciales de sostén han perdido su equilibrio y entonces su tono y sus fibras están alteradas, los músculos y tendones profundos que recubren y sostienen la pelvis pueden alterarse. La alteración de la posición de la pelvis tiene consecuencias: los rectos abdominales, transversos y oblicuos pierden su calidad de faja muscular y también se alteran los glúteos y rotadores. Una pelvis asimétrica o rotada altera la posición de la sínfisis púbica, lugar de inserción de importantes músculos Esto no es sólo un problema estético, sino que constituye un problema de actura manifestándose en un porte y andar desgarbado

A nivel de órganos, los ligamentos que sostienen al útero y los ovarios en la mujer y los órganos reproductores y la próstata en el hombre, así como también la vejiga y el tracto intestinal en ambos, estarán alterados; por lo tanto, se presentan prolapsos de órganos de reproducción y eliminación, incontinencia urinaria y fecal, disfunciones sexuales y dolores.

“En realidad, es bastante vano hablar de mantener correctamente el abdomen, la pelvis el pecho o el cuello particularmente . Mientras halla sujeción en uno de ellos, los demás estarán sujetos en el mismo grado, de manera que, cualquier acto que se inicie, habrá de ser ejecutado a pesar de esta sujeción y, por tanto, estará mal coordinado” (M. Feldenkrais)

Si la tensión en la base de la pelvis es adecuada, los músculos están contraídos tónicamente, es decir, no hay un esfuerzo voluntario por contraerlos o soltarlos y el tono muscular a lo largo de la columna permite la fluidez del movimiento, como si la cabeza y la pelvis fueran dos ruedas comunicadas por la cadena de la columna vertebral

Músculos y huesos son espacialmente dependientes, se requiere una tensión que determina el tono y la dirección de las fibras de estos músculos y esto depende de la posición que ocupan en el espacio los huesos que les sirven de sostén. Por todos estos factores la pelvis es clave en el bienestar de los seres bípedos, esto es por la relación que el ser humano establece con el campo gravitatorio de la tierra.

Realizar ejercicios de fortalecimiento muscular (abdomen, glúteos, etc.) en condiciones de desequilibrio óseo de la pelvis, servirá únicamente para tensar y acortar más el lado que ya está hipertónico, exacerbando el desequilibrio.

¿Qué hacer entonces?

Equilibrarnos en el campo gravitatorio y conseguir que la cavidad pelviana se acomode lo más que se pueda con la horizontal. Lograr hacer esto a la luz de la conciencia conociendo nuestros hábitos y compulsiones y adquiriendo nuevas opciones de movimiento es iniciar un camino de libertad para hacer aquello que queremos hacer.

Este es el tema que desarrollaremos en el próximo taller de Anatomía vivencial

 

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