ESTRÉS Y CALIDAD DE VIDA

Estrés felino

Por Patricia Bustos Roa

La calidad de vida y la felicidad son incompatibles con el estrés, e incluso la vida misma no es posible si esta ha sido afectada por enfermedades como las neurológicas, digestivas, cardiovasculares, siquiatricas, etc.  Todas estas son afecciones en las que el estrés opera con frecuencia como un factor desencadenante.

El estrés es la respuesta biológica a las demandas de la vida, es por lo tanto la respuesta  a un desafio. De acuerdo a esto ¿es el estrés algo normal en la vida? En efecto, lo es, cuando nos mantiene alertas y en condiciones de actuar elaborando una respuesta de lucha o huida; hablamos aquí del eutrés o “estrés bueno”, se trata de una respuesta de duración limitada ante una situción de emergencia. Cuando la intensidad del estímulo o su duración persiste, generando así una situación en la que permanecemos activados y en actitud de estar enfrentando un peligro permanente, hablamos de distrés o estrés malo.

En general, cuando hablamos de estrés nos referimos a este último, es decir, a aquel que nos mantiene con todos nuestros sistemas  de alarma activados para una permanente respuesta de lucha o huida, y en el que todos los mecanismos y órganos se interconectan y se activan para responder. En este caso, las demandas externas o internas (nuestras percepciones ) superan la capacidad de respuesta, dando lugar a una activacion permanente sin capacidad de recuperación  Hay aumento de la frecuencia cardiaca y respiratoria, también aumenta la transpiración cutánea, las pupilas se dilatan, se eleva la glucosa sanguínea, todos los órganos están en alerta y el tono muscular aumentado. Esto constituye una demanda interna que no puede ser sostenida en el tiempo y que va lesionando al organismo. Se produce un manifiesto desequilibrio.

El estrés crónico no puede ser sostenido en el tiempo sin que implique un deterioro a nivel de los diversos sistemas: nervioso, cardiovascular, endocrino e inmunológico, lo que tarde o temprano lleva a la aparición de  desequilibrios y, como consecuencia, la enfermedad.

Es importante conocer a y detectar a tiempo los síntomas del estrés; de hecho, estos pueden iniciarse tempranamente antes que una enfermedad se declare. El cuerpo siempre nos envía avisos, se trata precisamente de aquellos síntomas y señales que afectan la calidad de vida . Entre ellos estan el cansancio, el insomnio, la pérdida de energía, falta de concentración, pérdida de memoria, depresión, cefaleas frecuentes. Todos estos son procesos que afectan a nuestra unidad cuerpo/mente  y son la respuesta somática  a nuestra tensiones internas. Las alteraciones sicofísicas producto del estrés son también causa de infertilidad, tanto en el hombre como en la mujer, y de impotencia sexual masculina.

Durante el estrés crónico, aumenta el tono muscular lo que causa dolores y contracturas, las más habituales son a nivel de cuello, hombros, columna y pantorrillas. Las consecuencias son acortamientos musculares y fijaciones  que constituyen una postura con limitaciones de movimiento y dolor. Si esta tensión permanece, pronto se generarán en la zona trastornos metabólicos por falta de irrigación y, posteriormente, dolor articular por procesos degenerativos (hernias y desgastes a nivel de columna).

Cada persona vive un mundo singular a partir de su propia experiencia: creamos el mundo a partir  de nuestras percepciones y de nuestra memoria, y esto va formando una imagen mental de nosotros mismos y de nuestras relaciones. Tomar conciencia de los mensajes del cuerpo y del valor de nuestra integridad sicofisica, nos permite hacernos responsables de nuestro bienestar. Darnos cuenta que el estrés es un desequilibrio entre las demandas a las que nos vemos sometidos y nuestra capacidad de respuesta es el primer paso.

La autoconciencia corporal como herramienta de conocimiento de nosotros mismos, nos permite acceder a experiencias de sensaciones, sentimientos y pensamientos que nos abren a la posibilidad de conocer nuevos caminos, nuevas acciones que pueden abrirnos  a procesos de cambios muy profundos en la forma de afrontar el mundo.

Tomar conciencia de las señales que nos envía nuestro organismo y buscar nuevos caminos para cambiar hábitos dañinos por nuevas formas de integrar en armonía cuerpo y mente, es la forma de recuperar el equilibrio y mejorar nuestra calidad de vida.

 

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