
Nuestro cuerpo es una arquitectura en constante construcción. Somos modelados por nuestras vivencias, por las emociones (alegrías, miedos, frustraciones) y también por las lesiones físicas o emocionales, los traumas y las cicatrices. Nos modificamos de acuerdo con lo que vivimos y, al mismo tiempo, en correspondencia con cómo nos percibimos; es aquí donde participa nuestro registro senso-perceptivo, permitiéndonos construir nuestra autoimagen.
Incrementar la autoimagen y ampliarla —incorporando aquellas zonas que no participan activamente del movimiento— es uno de los ejes fundamentales del Método Feldenkrais®. Esto está íntimamente ligado al hecho de tomar consciencia de nuestros hábitos de movimiento. Se trata de darnos cuenta de que existen zonas de nuestro cuerpo que utilizamos poco y que no se integran a la globalidad de las acciones (zonas rígidas y con un registro perceptivo escaso), mientras que existen otras áreas que sobreutilizamos para compensar a aquellas que no sabemos o no podemos incorporar.
La toma de consciencia en el Método Feldenkrais es una pedagogía en la que somos, simultáneamente, sujeto y objeto de aprendizaje. Nos invita a conocer los recursos que poseemos, a explorar la eficiencia de las acciones que realizamos y a descubrir otras posibilidades de hacer; pero, sobre todo, nos impulsa a relevar y valorar el potencial de cambio que subyace al simple —pero transformador— evento de darse cuenta.
La estructura, el esqueleto y la gravedad
La actitud corporal eficiente, comúnmente llamada «buena postura», necesita de una consciencia corporal integral. Requiere de una estructura firme: un esqueleto organizado que opere como un buen punto de anclaje para la función motriz, manteniendo una adecuada relación con la fuerza de gravedad.
El esqueleto es sólido y, a la vez, ligero y plástico; es moldeable por la acción de las fuerzas miofasciales y la fuerza de gravedad. Conocer nuestra estructura y las fuerzas que actúan sobre ella nos permite tomar consciencia de nuestros propios límites y posibilidades.
La Toma de Consciencia a Través del Movimiento es un proceso que comienza con movimientos lentos y pequeños, guiados por una atención que se transforma en escucha interna. Al conectarnos con el sentir, logramos darnos cuenta de que cargamos con hábitos tensionales; a menudo actuamos bajo patrones de protección frente a posibles daños en los tejidos, o como consecuencia de una organización inadecuada que obliga a los músculos a sostener ciertas estructuras óseas que no les corresponde cargar.
En este camino, la relajación es un estado clave para recuperar el equilibrio funcional, y la respiración tiene un protagonismo central. El diafragma, músculo principal de la respiración, es también una viga miofascial que relaciona la columna, el tórax, la pelvis y las extremidades. De este modo, cumple una función crucial de bombeo, no solo en los pulmones, sino también en vísceras y órganos tales como el corazón, el hígado, el estómago y el páncreas.
El taller de piso pélvico: Conectando con nuestra viga central
En este taller de piso pélvico, te invito a conocer la importancia de la organización miofascial del tendón central (diafragma respiratorio, piso pélvico y hueso hioides) y la función de relevo en las concavidades y convexidades de nuestro cuerpo.
El piso pélvico es uno de los pilares miofasciales internos que sostiene vísceras y órganos. Forma parte de esta viga central miofascial y se comunica directamente con la columna y las demás esferas corporales. Sin embargo, es una zona habitualmente subvalorada e ignorada culturalmente, que puede ser el asiento tanto de placer como de displacer, de malas experiencias y de mitos. En definitiva, es una zona un tanto «desconocida» que es necesario explorar mediante la toma de consciencia respecto de lo que sentimos y de cómo hacemos lo que hacemos.
Cuando hablo de «malas experiencias», me refiero a las huellas que quedan en esa zona producto de vivencias complejas en torno a la sexualidad, la digestión, los partos, la incontinencia urinaria, la disfunción eréctil o las hemorroides. Muchas veces, estas huellas nos hacen perder la conexión con nuestro piso pélvico y con el cuerpo en general.
Al perder este vínculo, disminuye la sensibilidad y la flexibilidad, y el tono muscular se desregula, convirtiéndose en el foco de tensiones, dolores o disfunciones, y rompiendo la sinergia con otras áreas del cuerpo. Es entonces cuando esta zona, que también funciona como un diafragma, se vuelve hipertónica: el periné se encuentra permanentemente tenso, lo que afecta su calidad contráctil y desregula por completo su funcionamiento.
Imagina por un momento tener un músculo permanentemente tenso. Piensa en un músculo conocido —el bíceps o el trapecio, por ejemplo— que, al estar contraído de forma crónica, pierde su capacidad de contracción y se fibrosa. Ahora, piensa que ese músculo que está permanentemente tenso es parte de la viga interna central que sostiene y conecta la totalidad de tu cuerpo.
En estas cuatro clases, les invito a transitar un proceso de toma de conciencia integral. A través de movimientos suaves, pequeños y cultivando una profunda curiosidad por ustedes mismas, recorreremos las relaciones dinámicas entre el piso pélvico, la columna y las tres esferas en movimiento; todo esto, por cierto, con el maravilloso telón de fondo de la respiración.
