Estrés: una respuesta cotidiana

Imagen: «Oficina en una pequeña ciudad» y «Sol de la mañana» de Edward Hopper

El estrés es una consecuencia ineludible de la vida. Tod@s estamos permanentemente expuestos a demandas y exigencias y nuestro organismo está preparado para afrontarlas, tenemos los mecanismos que nos permiten manejar la tensión para adaptarnos a la vida. Ser productiv@s y creativ@s es una consecuencia del manejo de una adecuada cantidad de estrés, este es el “estrés bueno” o Eustrés. Lo que comúnmente denominamos estrés es aquel que resulta dañino para la salud: Distrés; es ese en que sentimos que nuestra capacidad de respuesta está siendo sobrepasada por las exigencias y esto nos lleva a descuidar la calidad de vida con el consecuente camino hacia la enfermedad.

Existe una estrecha relación entre el estilo de vida que desarrollamos y la calidad de la salud. Es un hecho que el ritmo de la vida se ha acelerado y debemos adaptarnos con premura a las exigencias que esto implica: apuro, descuido de nuestros ritmos, desatención a las señales de nuestro organismo, consumo de comida chatarra, etc.

Nos preocupamos de las enfermedades debido a que, cuando estas llegan y se instalan, alteran toda nuestra vida en mayor o menor grado. Sin embargo, ¿nos preocupamos por la salud?

Mi respuesta a aquella pregunta es que no lo hacemos. En efecto, puesto que, en general, la mayor preocupación en salud está referida a lo asistencial. Una real preocupación por la salud implicaría tener una actitud de prevención, de atención a nuestro estilo de vida cuidando la alimentación, cultivando un entorno social saludable, haciendo alguna actividad física, cuidando nuestro cuerpo y, sobre todo, atendiendo al nivel de estrés al que estamos sometid@s permanentemente cultivando algún recurso de relajación que nos permita desconectarnos de la constante urgencia.

Lo curioso de esta situación de relación con la salud- enfermedad, es que, en general, la prevención es una herramienta bastante más cercana a las personas que los recursos asistenciales de salud, pero aquí también juegan su papel los hábitos que nos instalan las demandas externas y que nos llevan a movernos como autómatas en una cinta transportadora.

 Sugiero el siguiente enlace: https://cuerpoenmovimiento.com/2017/07/09/metodo-feldenkrais-y-kinefilaxia/

El estrés se ha convertido en la mayor fuente de enfermedades, puesto que, al deteriorarse la calidad de vida con descuido en la alimentación, relaciones sociales, ejercicio y relajación, suelen aparecer situaciones de obesidad, enfermedades metabólicas, hipertensión, cardiopatías, enfermedades auto inmunes y enfermedades mentales.

Hans Selye, un investigador austro-húngaro, acuñó el termino de “estrés”. En 1950 Seyle publicó un libro con sus investigaciones sobre el Síndrome General de Adaptación y enfermedades adaptativas. A través de sus investigaciones en animales expuestos a estímulos dañinos observó cambios específicos y constantes, y a partir de estas observaciones definió el estrés como “la respuesta inespecífica del cuerpo a cualquier exigencia de cambio”.

El cambio y la adaptación es lo propio de la vida y contamos con los recursos para manejar nuestro entorno y regular nuestras respuestas ante las demandas externas. Esto requiere una adecuada relación con nosotr@s mism@s, conocer de nuestros hábitos y compulsiones y, sobre todo, aprender a escuchar las señales del cuerpo.

Mucho antes de que una enfermedad se declare y nos lleve a consultar por ello, aparecen las señales de alteraciones que disminuyen la calidad de vida y el bienestar. El cansancio, la falta de energía, disminución de la capacidad de concentración, fallas en la memoria, insomnio y depresión, suelen ser señales no escuchadas e incluso acalladas.

La Autoconciencia a Través del Movimiento (ATM®), puede ser un gran recurso para reencontrarte con esa escucha interna que te permite descubrir tu propia capacidad de relajarte y autoregularte. La autoconciencia puesta en tu pensar, sentir, emocionar y hacer, es una gran posibilidad para conocer más de ti, darte cuenta de cómo haces lo que haces y poder escoger nuevas maneras de relación contigo y con tu entorno.

En una clase de ATM podrás encontrarte con el placer del cuerpo en movimiento, con el placer de la quietud y reencontrarte con sensaciones que puedes reincorporar y alimentar en el día a día.

Patricia Bustos Roa

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