Cuello y hombros: un cruce conflictivo

Antonia Brico, primera mujer directora de orquesta

La postura humana es un equilibrio dinámico, que se reajusta constantemente respondiendo a nuestra estructura corporal y a nuestro estado anímico.  En el Método Feldenkrais nos parece adecuado usar el concepto de actura ¿Qué significa esto? Actura es tener una buena organización esqueletal que nos permita cambiar, ir de una posición a otra con facilidad. Entonces, una mala postura es en lo esencial aquella en la que permaneces mucho tiempo, de tal manera que luego te cuesta cambiar para ir de un lugar a otro.

 Una buena organización esqueletal hace posible una adecuada relación con la fuerza de gravedad, para sostenernos y también propulsarnos y movernos en cualquiera de las seis direcciones: arriba, abajo, girar a derecha, a la izquierda o subir y bajar. En todos estos cambios de direcciones, la cabeza debiera estar libre para moverse en cualquier dirección ya que en la cabeza están los teleceptores. Estos son los órganos que nos permiten relacionarnos con el entorno: mirar, escuchar, olfatear; en síntesis, recibir estímulos y responder a ellos.

 Tener un cuello libre, en una relación de armonía con la columna vertebral y la pelvis, permite liberar nuestros hombros y brazos para manipular y también acompañar sincrónicamente la marcha y todas las maravillosas funciones que podemos realizar con nuestras manos: escribir, tocar un instrumento musical, hacer arte, acariciar, etcétera.

La movilidad del complejo de los hombros depende tanto de una buena organización esqueletal como de una buena relación con la fuerza de gravedad. Esto es posible con una pelvis disponible para relacionar las piernas con el tórax, los brazos y la cabeza

 Tener un esqueleto alineado con el eje central permite:

  • Transmisión del movimiento a lo largo de todas las curvas de la columna
  • Máxima flexión y extensión vertebral
  • Pelvis disponible para ir a anteversión, posición neutra y retroversión
  • Una caja toráxica libre sujeta a la espina dorsal
  • Cuello largo y extendido
  • Cabeza alta en buen equilibrio y disponible para todas sus posibilidades de movimiento.

 No somos conscientes de la disminución de la calidad de nuestras funciones motrices hasta que un día un acto cotidiano sencillo como, por ejemplo, levantar los brazos para alcanzar algo, se nos hace difícil o doloroso. Entonces nos llega un diagnóstico de “hombro congelado” o “síndrome del manguito rotador”, “artrosis de hombro”, etc.

 El movimiento es nuestra más evidente expresión vital, puede ser el mejor recurso terapéutico para recuperar la capacidad de expresarse, de relacionarse y mantener activas todas las funciones vitales.

 Cuando nos conectamos con nuestro cuerpo, con nuestras sensaciones, accedemos a nuestra sabiduría corporal. Cuando somos verdaderamente conscientes de lo que hacemos, comenzamos a recorrer un camino de integración de nuevos conocimientos y nos damos cuenta de hábitos potencialmente dañinos, los que pueden ser cambiados y, con ello, acceder a nuevas maneras de sentir, de pensar, de emocionar y de hacer.  Esto es la antesala de hacernos sentir más libres en nuestro cuerpo.

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