
Conocer nuestro cuerpo —integrando emociones, sensaciones y pensamientos— nos permite acceder a un conocimiento profundo desde el cual nos convertimos en agentes activos y responsables de nuestra salud y calidad de vida.
El cuerpo es la base misma de la realidad que habitamos: el soporte de la vida emocional, sensorial y espiritual. Reconectar con ese cuerpo vivo y en constante transformación, para reconocer nuestras posibilidades y explorar nuestros límites de manera segura, nos abre la puerta al cambio. Nos permite sentirnos seres en proceso de crecimiento, aprendiendo nuevas habilidades y recursos para vivir mejor.
Con frecuencia, las molestias y dolores se vuelven parte de la rutina, limitando nuestras posibilidades de disfrutar una vida plena o de perseguir aquello que despierta nuestros deseos e imaginación. El dolor puede incluso transformarse en un hábito, y entonces la idea de movernos sin dolor parece inalcanzable. Poco a poco, nuestro repertorio de movimiento se reduce.
Hace 23 años conocí el Método Feldenkrais. Llegué a él después de recibir un diagnóstico de fibromialgia y escoliosis, que me hacía mirar con pesimismo la posibilidad de seguir disfrutando lo que más amaba: el movimiento, el deporte y el baile.
Nunca he sido especialmente dotada en habilidades motrices básicas como la coordinación, la flexibilidad o el equilibrio —todas cualidades necesarias para practicar ejercicio, danza o deportes—. Sin embargo, he disfrutado intensamente de muchas de estas actividades, sin destacar en ninguna… pero ¡cómo las he disfrutado! Y también sufrido.
Hace casi 30 años veía con desánimo la posibilidad de seguir practicando montañismo y escalada, actividades que me conectaban profundamente con la naturaleza. Diversas lesiones en hombros, caderas y rodillas, con pronóstico de cirugía, dibujaban un panorama desalentador.
Como kinesióloga conocía el poder terapéutico del movimiento, y fue en esa etapa cuando descubrí la Educación Somática, a través de la Eutonía y el Método Feldenkrais. Integrar la conciencia al movimiento me permitió comprender cómo los hábitos emocionales, relacionales y comportamentales influyen en nuestra salud y en la aparición de enfermedades relacionadas con el estrés.
Pude evitar todas las operaciones gracias al trabajo kinésico y a la toma de conciencia sobre cómo hacía lo que hacía: mis hábitos de movimiento, de sentir y de pensar. Comprendí que mi manera de moverme estaba directamente relacionada con mis rasgos caracterológicos. Este descubrimiento me impulsó, años más tarde, a formarme como instructora del Método Feldenkrais y, más recientemente, en Focusing.
Hace unos meses comencé a sentir fuertes dolores en una rodilla, la misma que debí haber operado hace 20 años por una rotura de meniscos. Gracias a @yolie_ceitelis_kinesiologa, una de mis alumnas de Kine Somática, inicié un programa de rehabilitación basado en ejercicio intensivo y lecciones de ATM (Autoconciencia a Través del Movimiento).
He vuelto a confiar en mis posibilidades de recuperación y a traspasar límites de forma segura.
Qué emocionante es atravesar un límite autoimpuesto por el dolor o las lesiones, y poder explorar nuevamente el movimiento con calidad, seguridad y confianza. Explorar los límites no se trata de forzar, sino de salir de lo conocido con calma y atención, tomando pausas y regresando a un lugar seguro cada vez que lo necesitemos.
No siempre es fácil: cuando encontramos dificultad, ponemos a prueba nuestra capacidad de adaptarnos y la plasticidad de nuestro sistema nervioso. Al movernos con calidad, el placer corporal nos guía hacia una experiencia que amplía nuestras posibilidades, permitiéndonos recuperar capacidades que creíamos perdidas.
Hace poco, confiando en esa posibilidad de cambio y aprendizaje continuo —a pesar del paso del tiempo—, me atreví a intentar nuevamente el “paro de cabeza”, algo que no hacía desde antes de la pandemia y que aprendí durante mi formación como instructora Feldenkrais. El resultado fue profundamente emocionante.
Quiero cerrar compartiendo una definición inspiradora de Moshe Feldenkrais sobre la salud, junto con una de sus frases más bellas:
“Salud es la capacidad de un sistema de vida para recuperarse de un daño o estrés sin comprometer su funcionamiento, y se mide por la habilidad de una persona para vivir plenamente sus «sueños no confesados».”
“El propósito de mi método es que el cuerpo esté organizado para moverse con un mínimo esfuerzo y máxima eficacia, no a través de la fuerza muscular, sino de un mayor conocimiento de su funcionamiento y la integración de este en su entorno.”
