
La pelvis juega un papel fundamental en la organización postural. Desde aquí se sostienen el tronco y los brazos hacia arriba, mientras que las piernas, hacia abajo, permiten la locomoción. Las articulaciones de la cadera, ubicadas en la pelvis, reciben el impacto de cada paso que damos, funcionando como eco de la alineación de las rodillas, tobillos y pies.
Las diferencias en la posición de las caderas suelen tener efectos tanto hacia arriba (afectando el tronco) como hacia abajo (impactando las piernas). No es raro que las caderas se conviertan en una zona de desgaste y disfunción. En nuestra cultura, no es habitual lograr una sinergia adecuada entre las articulaciones del miembro inferior y un tronco erguido alineado con las caderas, como la elegante y cómoda postura que puedes observar en la imagen.
Nuestras caderas tienden a sufrir desgaste y disfunción mucho antes de lo que cabría esperar, en relación con nuestra expectativa de vida. Las articulaciones de la cadera tienen una amplia gama de movimientos: flexión, extensión, abducción, aducción, circunducción y rotación. Sin embargo, es común que esta zona experimente desgaste prematuro.
A partir de esta articulación esférica del fémur, somos capaces de estabilizar el tronco y la cabeza. Desde niñas, aprendemos a alcanzar el equilibrio a través del juego y la repetición. Este proceso, que culmina en la capacidad de estar erguidas con elegancia y caminar, es fruto de la exploración, los errores y los intentos repetidos.
Esa posición que has alcanzado es el resultado de un largo aprendizaje, y todo ese trabajo está almacenado en tu sistema nervioso.
Te invito a redescubrirlo!
